Otra vez, en una misión sin mucho sentido, me sentía rodeado de incompetentes. Nuestras ordenes eran imbuir una espada con poder mágico. No se muy bien para que demonios íbamos a querer algo así pero bueno, ordenes de un líder son ordenes de un líder, sobretodo si a la vuelta te promete que si todo va bien, invitará toda la noche a beber y a gozar de mujeres.
Éramos un buen grupo de hermanos Zorros y nos juntamos con 4 Víboras, quiero decir Serpientes… yo personalmente no me fío de esas mujeres y su extraña magia, la última vez que las cosas les iban mal no tardaron en recurrir a extrañas magias que usaban la esencia vital de sus propias hermanas para su propio beneficio.
También traíamos atado de prisionero a Geomorf, esa rata del clan de los Osos que liquidó a sangre fría a un pobre Goblin desarmado. Los orcos y los goblins pedían su sacrificio para restaurar la paz. A mi ciertamente era algo que me dio igual, mientras no pidan mi cabeza lo mismo me da que me da lo mismo.
Hablando de cosas que me dan un poco igual resultó que el herrero encargado no era Shironishi si no su aprendiz Shirosi. Según él su maestro se encontraba enfermo de una extraña aflicción. ¿Tendía algo que ver con aquella vez que estuvimos luchando contra la Driada? ¿Será que todo aquel que va allí no vuelve sano? ¿¡Seré el próximo en caer!?
Nos pusimos en marcha para intentar buscar el lugar sagrado donde debíamos imbuir la espada cuando nos asaltaron unos seres que, a pesar de que les golpeabas y caían al suelo malheridos, se volvían a levantar al cabo de un rato y venían con intenciones de atacarnos. Una y otra vez. Trás deshacernos de ellos y huir de la zona nos encontramos en un claro a unos extranjeros provenientes de lejanas tierras del Este: 3 Escorpiones. No hablaban nuestro idioma excepto si líder, que nos informó de que ellos también se habían topado con esos seres y que uno de sus hombres había resultado herido en un brazo. Tras examinarle, gracias a mis conocimientos de anatomía de desollar cantidad de animales, pude comprobar que eso no era una herida normal y que era como un veneno que se extendía por la piel de esa pobre rata. Sugerí a las mujeres que si había alguna curandera entre ellas que aplicara magia curativa pero, los Escorpiones se negaron diciendo que la magia era un sacrilegio para su Dios. No comprendí muy bien eso, sin embargo más tarde viendo que era su única solución aceptaron. De esa gente solo me gustaba su ropa y es más, estuve negociando con uno de ellos, por mediación de las traducciones de su líder, de querer comprarle su túnica y creo que salió bien, al menos el sonreía. O eso creo…
Al llegar al puente que separaba la tierra normal de la sagrada bajo la protección de los orcos nuestros lideres se dispusieron a hablar con el Chaman Orco que regía aquel lugar. Cuando parecía de que todo iba según lo previsto, el prisionero escapó. Perfecto y ahora a buscarle… genial. Tras una batida de búsqueda lo encontramos al borde de un barranco que a menos de 500 metros se encontraban los poblados de las bestias, desorientado, armado con un palo y desconfiando de todos. Intenté calmarle y ganarme su confianza diciéndole que estuvimos juntos en la última batalla y que confiara en mí, sin embargo no tuve éxito. De pronto llegó nuestro líder y tras negociar con él le dijo “golpeame en el cráneo con ese garrote en señal para que confíes en mí” y acto seguido le partió la cabeza en dos. Todos los que estaban alrededor del líder fueron a auxiliarle. yo me quedé mirándole y riéndome entre dientes. Yo sabía que ese maldito bastardo era inmortal desde hacía por lo menos más de 300 años. Pensándolo bien, ya era hora de cambiar de líder por alguien más… actual e inteligente, sagaz y astuto, alguien en quien los hombres confíen. Sí, decidido, alguien como yo seria perfecto.
Tras volver con el prisionero se lo dimos a las bestias para que ellas lo mataran sin contemplaciones. Pobre Geomorf, no podrá beberse una última cerveza. Aunque… la verdad es que a pesar de estar decapitado se movía bastante bien. Un momento!? Que ha sido eso???? Pero pero pero……
Tras asentarnos en tierra sacra yo decidí que era buen momento para aprovisionar al grupo de víveres y decidí, mientras hacían los preparativos del ritual, ir a cazar fuera de la tierra sagrada. Al salir mi sorpresa fue que mientras observaba el terreno fui emboscado por dos de aquellos seres no-vivos. Por suerte pude huir sin que me rozaran tan siquiera y en cuanto tuve angulo para tensar mi arco, el arco de Netel, pude acabar con ellos y salir de allí para poder cazar. La verdad es que a pesar de ese pequeño incidente la caza nocturna fue muy pero que muy fructífera, incluso pude recoger algunas hierbas que quizá tengan algún valor curativo o relajante.
Al volver con el resto una de las serpientes nos informó de que el libro con el cual debíamos hacer el ritual había desaparecido, alguien se lo había robado intencionadamente porque momentos antes de su desaparición perdió el conocimiento. yo pensé que una de sus “hermanas” se lo había robado, aunque no sabia porque propósito. Tras estar decidiendo que hacer. Un escalofrío recorrió el cuerpo de todos; apareció el libro en el suelo y una voz que provenía de las sombras dijo “realizad el ritual, os queda poco tiempo”.
¿Tan importante era aquel ritual? ¿Para que era realmente esa espada? Cuestioné a nuestro líder una y otra vez y él solamente me dijo que llevaba mucho tiempo esperando aquella espada que para el significaba la libertad. Le dije que si realmente era inmortal que me dijera su secreto, yo ambicionaba aquel poder. Me dijo de que la inmortalidad no era ningún don si no una maldición y le contesté que eso lo decidiría por mi mismo sin embargo él rió y no me hizo más caso. Era un tipo interesante, de esos que solo conoces uno en tu vida. Ciertamente envidiaba su vida, su poder y su rango. Le envidiaba todo de él pero, ¿cómo librarse de alguien inmortal?
Las serpientes comenzaron el ritual, pude colocarme detrás de una de ellas y pude ojear levemente aquel libro de la muerte, sin lugar a dudas esa fue la gota que colmó el vaso: la poca confianza que tenía hacía aquel clan lleno de magas sombrías se acababa de esfumar.
En medio del ritual pude ver algo que sobrecogió mi alma más allá de límites insospechados: la propia parca apareció ante nosotros. Habló en el idioma de los muertos con una de las serpientes que estaban realizando el ritual y aunque era un idioma que pocos conocían hubo algo que resonó en mi mente, como un eco sordo “para poder desterrar a un ser que haya sido capaz de burlar a la muerte y que ésta no pueda reclamar ahora su alma“. Ya lo tenía claro, quería esa espada o ese libro para poder librarme de mi, de momento, líder inmortal y quedarme con su puesto. Cuando estaban acabando el ritual, escuchamos todos una voz de ultratumba que subía la colina. La parca comenzó a defender el ritual y se enfrentó a aquel extraño ser no-vivo que no pude ver muy bien porque mis ojos estaban clavados en aquel libro y en la espada. Cuando acabó el ritual y la espada fue imbuida era mi momento pero acto seguido se escucharon las últimas palabras de la parca: “huid insensatos, llevaros la espada, es el único fin par..a…a..ca..bar…..” y una espada atravesó su capa negra y comenzó a desintegrase. Aquél ser de ultratumba mató a la parca. Rápidamente me acerque al herrero que portaba la espada e intenté robársela pero fue más rápido que yo y solo pude robarle el martillo. De pronto comenzamos todos la búsqueda desesperada contra aquella rata que había huido, ahora sin armas. Salí corriendo tan rápido como pude escuchando gritos atrás de socorro y de los seres no-vivos atacando a los que allí habían. Los dejé atrás, todo eso no me importaba. Ansia, ansia. Poder, poder. ANSIA DE PODER! De pronto vi como mi lider, con media cabeza cercenada se sujetaba a nuestro bardo al cual había tomado como rehén para buscar al herrero. Me dispuse a matar al bardo sin embargo seria un buen escudo humano si acercaban los no-vivos. Tras ver que no había forma de hallar a esa rata me dispuse a huir y salvar la vida cuando me asaltaron dos no-vivos, uno de ellos armado y con capacidad de razonar y hablar. Tras matar a uno con una flecha el otro me golpeó duramente con su arma lo que me hizo tirar el arco de mi hermana y cuando me disponia a huir escuche un susurro desde atrás “Shu, Shu por favor no me dejes aquí!” era Netel que me hablaba a través de su arco. Envalentonado con una fuerza sobre humana pude levantar aquel martillo del herrero y con un golpe certero derribé a la bestia armada. Corrí hasta el arco, pedí perdón y salí corriendo hasta que llegó el alba y encontré un camino seguro.
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