Enviado por el lider de nuestro clan como cazador pero sobretodo como el guardaespaldas de Shironishi el herrero nos fuimos a un enclave que tiempo atrás albergó una batalla, una batalla en la que yo y toda mi familia perdimos a mi hermana Netel.
Desde hacía un tiempo nadie podía acercarse a la zona por problemas con las criaturas mágicas del bosque y al enterarme de que el herrero iba a esa zona decidí enrolarme en aquella misión para poder encontrar algún recuerdo de mi tan querida hermana.
En el camino conocí a Shiro y nos hicimos amigos. La verdad es que era un hombre que al principio me pareció extraño pero luego fue un alegre compañero de viaje.
Al llegar al asentamiento me dispuse a comenzar con las labores de caza y explorar un poco el terreno y pude comprobar que la caza y la naturaleza eran bastas en extensión y riqueza y obtuve varias presas que me dieron buenas pieles y un buen sustento. Además mi halcón Jack me trajó en un par de ocasiones un buen alimento de la zona; una rica liebre y una suntuosa perdiz.
Un rato más tarde aparecieron Las Serpientes; clan de mujeres hechiceras en las cuales nunca he confiado, ponzoñosas e impredecibles… Supuestamente se iban a hacer cargo del control del asentamiento aun que yo creo que había algo detrás de ese mandato. Algo no muy legal. Tras esto una de las hechiceras me preguntó que si era cazador y le dije que sí y que para que quería saberlo entonces me dijó que necesitaba pieles para unos hechizos y gustosamente le vendí a aquella víbora mis peores andrajosos y piojosos cachos de piel de animal.
Yo pretendía salir a cazar alguna otra presa y buscar algo que me indicará que mi hermana seguía presente. Hable con Shiro y el estuvo de acuerdo en salir a buscar algo de mineral para poder forjar algún arma. En aquel momento vimos que se acercaban al asentamiento un orco y un troll, rápidamente empuñe mi arco y lo tense fijando la flecha entre ceja y ceja de aquellas malditas alimañas. Decían que solo querían parlamentar dado que eran los únicos sobrevivientes a todo su poblado dado que habían sido envenenados, supuestamente por el pozo del pueblo. Yo no podía creer a bestias las cuales antaño habían hecho tanto daño a los humanos. El recuerdo de mi hermana aún pesaba en mi cabeza. La serpiente lider parlamento con las criaturas y tras desarmarlas decidió dejarlas entrar en el poblado. No me parecía buena idea, su poco juicio se hacía que notar en sus acciones.
Tras este acto de estupidez fuimos sorprendidos por una Dríada y uno de sus lacayos. La dama del bosque no hacía otra cosa más que hablar y hablar y embaucar. Yo deseaba darle fin a su vida y poder coronarme como “aquel que mató una dríada, el gran cazador Shu-wi!” pero no pude. Sentí que el tono de su voz iba durmiendo y atrayéndome hacía ella y sentí que era una trampa. Dejé de prestarle atención pero vi como al capitán de la guardia entraba más y más en su telaraña…
Tras hacer huir a la bestia tanto Shiro como yo decidimos salir por nuestra cuenta dado que el gobierno de aquella ciudad no nos importaba lo más mínimo. Estando recogiendo minerales le confesé a Shiro que me encontraba en aquel lugar para buscar lo que posiblemente sería la tumba de mi hermana y él se simpatizó conmigo y me prometió ayuda para buscar la tumba. Después de andar un tiempo vimos a Crystal, la lider de las serpientes que nos pidió protección puesto que había salido a recolectar hierbas para producir una poción de la verdad para sacarles más información a las criaturas que teniamos retenidas en el asentamiento. Nos contó que, a pesar de que había salido con el capitán de la guardia este la había abandonado y se había adentrado en lo profundo del bosque. Aunque no me gustaba hacer de canguro de nadie, no tuvimos otra elección.
Cuando estuvimos un tiempo andando y ya estuve apunto de resignarme con la busqueda de los restos de mi hermana, decidí contárselo a Crystal. No sé realmente porque lo hice… pero ella me dijo que los encontraríamos y me tranquilizó mucho. No se pero creo que en aquel momento confié en aquella mujer y en sus palabras.
Cuando acabamos la recolección y nos fuimos hacía el campamento pude escuchar un jaleo a lo lejos y acto seguido corrimos para ver lo sucedido; al llegar vi al orco muerto en el suelo y la espada del guardia Geomort ensangrentada y acto seguido vi a la alimaña del goblin salir corriendo y detrás otro guardia de la ciudad. – Al suelo Neslept! – Grité tensando mi arco y no olvidando donde le había apuntado al goblin por primera vez pero el no me oyó y mató al goblin desarmado por la espalda, toda una falta de honor.
Al volver al poblado se rumoreaba de que el gaurda había matado al orco desarmado sin embargo él no paraba de decir que había sido orden de las serpientes del lugar. Después de aquello nos dispusimos a comer, en un principio había acordado con Shiro compartir mi caza con él y acto seguido los guardias vinieron al simple olor de la carne al fuego. Tras realizar un trueque con ellos logré conseguir una espada corta por 2 raciones de comida y casi instantaneamente las serpientes acudieron al lugar pidiendome si les podía vender comida pero no contaba con tantas raciones así que algunas de ellas tuvieron que ir a comerciar al buhonero del lugar, un ser vil y despreciable que solo se enriquecía a costa del sufrimiento y hambre ajenas. La serpiente que antes me había comprado las pieles ahora venía a comprarme la comida, ella sabía lo que quería y como lo quería así que cerramos el trato pero antes de que se produjera el intercambio fuimos sorprendidos por más bestias.
Rápidamente le dejé la comida a la hechicera y cogí raudo mi arco y mi espada. Era la Driada del bosque de nuevo… Sin prestar atención a lo que decía me fuí adentrando por la espesura del bosque hasta llegar a un claro cerca de aquellas bestias pero fui detectado por aquel que una vez se hizo llamar el lider de los guardianes ahora ya convertido en una especie de hombre floral. En aquel momento la mitad de las bestias que acompañaban a la Driada se giraron furtivamente hacía mi y me sentí en completa inferioridad pero no retrocedí ni destense el arco. Rápidamente un guardia de la ciudad vino en mi apoyo y ayuda. Tras unos breves y tensos instantes una de las hechiceras lanzó un enjambre a la dríada y se escapó usando magia natural para ello. Al verla sentí un escalofrío por todo mi cuerpo y la tensión pudo conmigo y disparé una flecha hacía las bestias impactando cerca de sus pisadas y no pasó desapercibida. Tensé de nuevo mi arco y las bestias retrocedieron lentamente hacía la espesura.
Más tarde y al volver al poblado, Shiro empezó a forjar una espada para nuestro lider y yo me dispuse a crear otra armadura con las pieles que había obtenido en el momento de la caza. Pasado un rato, volvimos de nuevo a la calma pero mi memoria tenia presente encontrar la tumba de mi hermana. Pedí ayuda a Shiro en cuanto acabó la forja y antes de poder partir hacía la espesura la avanzadilla de la Driada nos sorprendió de nuevo, ahora más agresiva que antes.
Logré mantener a raya a algunas bestias con mi arco y mi certera puntería sin embargo algunas nos rodearon y pudieron entrar en el asentamiento; los guardias mantuvieron a raya algunas de ellas y una de las Hechiceras se convirtió en un enorme y poderoso Ser arboreo para hacerles frente.
En aquel momento vi como la Driada mataba al buhonero que apenas opuso resistencia a su sentenciada muerte. De pronto vi que en mi carcaj no quedaban más flechas y tuve que recurrir a mi espada de mano muy apunto para una de las bestias que tenia justo detrás. Me di la vuelta y le asesté un poderoso golpe en la espalda el cual la bestia casi ni notó y rápidamente se dió la vuelta y me asestó un tremendo golpe que me hizo caer al suelo.
Me retorcia de puro dolor y cuando pude recuperar el aliento e incorporarme me di cuenta de que la herida podría haber sido fatal si no hubiera tenido mi armadura de pieles ahora ya hecha jirones. Vi que uno de los guardias tenia acorralada a una bestia y fuí con la espada a intentar ayudarle. Herido y sin flechas sentí que me encontraba en un aprieto pero no desfallecí en ningún momento.
De pronto el guardia me ordenó volver hacía atrás en el momento que vi que la hechicera transformada caía agonizante a los pies de las bestias que arrasaban el poblado. De pronto vi un par de flechas y las cogí y corrí a recuperar mi arco. Lancé una de las flechas para provocar la retirada de la Driada que ahora atacaba a una de las serpientes restantes pero no fue suficiente, pudo con la hechicera.
Acto seguido la Driada ordenó retirarse a las bestias y estas huyeron pero me pude adelantar un poco y acabar con la última de las bestias de un certero flechazo.
Al volver al asentamiento todo era caos y muerte. Me acerqué al cadáver de lo que ahora era una muchacha muerta y antes había sido un poderoso ser aboreo dispuesto a aplastar a sus rivales y cogí su callado. Acto seguido me fui al bosque a recuperar flechas perdidas y al regresar vi que dos hechiceras volvían de entre la espesura.
Les entregué el callado de su compañera diciendo “una de vuestras amigas ha muerto en un ataque de las bestias” y les dí la espalda. Muerte y desolación solo había en aquellos parajes y ahora más que nunca me asaltaba el fantasma del pasado que traía de nuevo el nombre del mi hermana Netel de ultratumba. Busqué por el pueblo a Shiro y uno de los guardias me dijo que le había visto huir de la contienda. Parecía que era el único inteligente de todos los que habían allí.
Yo no tardaría en hacer lo mismo puesto que solo había una cosa que me seguía atando a aquel lugar y era el recuerdo de mi hermana.
Sin decir nada a nadie salí a la espesura y tras andar un tiempo hallé una tumba.
El aire se encontraba impregnado de una esencia extraña y maligna pero no tenía tiempo de descubrir que era aquella aura que presentía así que me dispuse a abrir la lapida cuando una trampa estalló en mis manos y me hirió de gravedad.
Tras recuperarme del impacto pude volver a ponerme en pie y seguir buscando la tumba de mi hermana, ahora con más ganas que nunca.
Pude llegar a un claro en el cual se veían unas rocas pintadas y unas pieles. Sin duda, aquella era la tumba de una gran cazadora. Mi hermana Netel. Tras rezar y dar gracias a los dioses y perdon a mi hermana, abrí la tumba y hallé el más preciado tesoro de mi hermana, su arco. Con él en mi poder no me quedaba nada que me atara a aquel inhóspito lugar.
Al llegar al poblado vi que los que quedaban decidieron realizar un ataque frontal contra las bestias en su terreno. Yo desobedecí cualquier orden que me quisieron dar y en cuanto se alejaron del campamento huí en dirección contraria. Espero reencontrarme con Shironishi y volver con mi familia pronto para poder enseñarles que mi hermana seguiría viva conmigo y junto a su arco.
Espero que a los pobres infelices que atacaron a las bestias les fuera bien…
Shu – Wi
Cazador del clan de los Zorros
Filed under: Entradas en optimas condiciones | 5 Comentarios »